Máscara funeraria azteca
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En el México precolombino, los aztecas tallaban máscaras funerarias de madera, piedra, papel maché, hueso o arcilla: ornamentos decorativos que representaban deidades aztecas. Los aztecas tenían una variedad de prácticas religiosas que involucraban la muerte y las prácticas funerarias. En la cosmología azteca, la muerte era vista como un viaje a otro reino de existencia. Una máscara era una herramienta transformadora, usada durante las ceremonias que se decía que daban a los sacerdotes el poder de encarnar a la deidad que representaba.
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En las religiones mesoamericanas, las almas de los difuntos iban a uno de tres destinos, determinados por su forma de muerte. Las personas que morían ahogadas, por impactos de rayos o por enfermedades relacionadas con el agua eran enterradas y sus almas enviadas a Tlālōcān, donde pasarían la eternidad con el dios de la lluvia, Tlāloc. Las personas que morían por causas naturales o enfermedades, o que eran condenadas a muerte como castigo por un crimen, eran cremadas y sus almas enviadas a Mictlān, donde pasarían la eternidad con el dios de la muerte, Mictlāntēcuhtli. Finalmente, las personas que morían en combate, eran sacrificadas en la guerra o morían durante el parto irían a Ōmeyōcān, el más alto de los trece cielos, donde sus almas pasarían la eternidad con el dios de la vida y la dualidad.